lunes, junio 21, 2004

Me pregunto

Digo, no sé, me pregunto...
En algún momento de nuestras vidas, todos dejamos de soñar?
Soñar con tetas grandes, colas perfectas, rulos y cabelleras lacias, rubias, morenas y coloradas. Ferraris, Porches y Maserattis... Coupés y sensuales convertibles. BMWs, Audis y Mercedes. Montañas, casas y paisajes. Vuelos, viajes, azafatas, comidas de avión, viajar en primera clase. Esa sensación, que causa la espera en la zona de preembarque, de que estamos por sobre las cosas, la crisis, la melancolía y frustración rioplatense, el tango y las empanadas. Departamentos en pisos altos, piscinas iluminadas, estrellas en la noche, jardines de paraiso, heladeras con majares. Roperos con telas caras y diseños de vanguardia.
Soñar con su presencia, el sonido de ella en casa. El calor y la sensación de hogar de sus abrazos, de sus curvas, meterse entre las sábanas, que me abrace y abrazarla. Acariciarla.
Y digo, no sé, me pregunto...
En algún punto de nuestras vidas, todos dejamos de soñar?
Y nos conformamos con ropas que no dicen nada, talles que se agrandan, fotos de Manhattan, que en el fondo de pantalla parece cada vez más lejana. Cafés recalentados, insomnios sin abrazos, sábanas sin curvas, resacas de madrugadas desperdiciadas. Risas tontas, charlas vacías, vidas pobres, mujeres baratas. Recuerdos de Galicia, de la Gran Manzana. Heladeras vacías, tazas y desayunos sin charla, sin dulce, sin tostadas. Canciones no dedicadas, casillas de correo llenas de chatarra y propaganda. Pieles sin sentido, besos que no dicen nada.